jueves, 29 de enero de 2009

Un día cualquiera

Un día cualquiera sales de casa como si de otro día cualquiera fuera, bajo la sonata de los hábitos que registran tu cuerpo y tu mente; ambos han adquido los hábitos diligente y diariamente, de manera que los hemos ido adquiriendo de forma mecánica. Sólo, y digo sólo, si algo no entra dentro de la normalidad volvemos la vista a ver que es lo que nos falla; a mi me redunda en el alma el saber si dije un adiós o un hasta luego.

Nunca sabemos lo que el sino nos depara, tal vez nuestra incredulidad (no sólo temporal, también espiritual) nos lleva a agigantar nuestros pesares y nuestras penas, a la vez que nos provoca éxtasis mientras dura la euforia.

He vuelto a la que un día fue mi casa, he chafado 27 años de recuerdos, 9855 fragmentos de mi memoria, 236520 palabras no dichas... nunca me había parado a pensar que un lugar fuera el que alberga tu vida; el mismo lugar en el cual no queda un rincón que no hayas explorado, un rincón donde no hayas hablado, un rincón donde no hayas sudado, un rincón donde no hayas pensado, un rincón donde no hayas discutido... y a partir de ahora ya no queda un rincón donde haya llorado.
A cada paso la gravedad me aferraba al suelo, lo que antaño eran recuerdos ahora son cenizas y por ende tristeza. No queda un sólo hueco que reconozca, todo parece sacado de un retrato de Goya, esas pinturas negras que narran lo más bucólico del artista.

El paseo por la memoria me lleva a detenerme ante una foto (ahora aparece esa foto, pienso para mi) la que nunca has querido hacerte, la que sales con la ropa que no querías ponerte aquel día, sólo con ver la cara que pongo queda delatado mi poco gusto por aquella situación...pero veo como esa instantánea fue tomada con mucho cariño, noto como esa mano todavía sigue latente en mi hombro, como se dulcifica la mirada y como mis ojos rocían con las mismas lágrimas aquel instante.

Pienso que este momento me mortifica, pero a la vez desenpolva lo que en mi memoria había sobrepuesto a hechos y momentos más agradables. Me he sentido consolado por las miradas, por las palabras, por los gentos...y a partir de hoy también por el silencio.

Como el capitán que a su pesar abandona la nave hundida, vuelvo la mirada desde lo lejos, así desde lo lejos veo una sombra, la misma que me esperaba cada día, la misma que me agitaba con desespero, la misma que añora ahora mi ser. Pero sé que todo llega y todo pasa, sobre la ventana veo el símbolo de la victoria que no ha sido vencido por las llamas, el simbolo de Cristo resucitado, el símbolo de la Vida; la Palma de la Pascua permanece intacta...sobre ella se posa el espiritu de mi madre.