lunes, 27 de junio de 2011

Nueva (y viejas) tecnologías

Las redes sociales son una herramienta con múltiples aplicaciones, hay quien se resisten a ellas de forma condenatoria; pero creo que uno ha de conocerlas y sacarles el mayor de los partidos.
Recuerdo cuando me insunuaron allá hace 15 años el funcionamiento de un móvil, la cara de estupor todavía me persigue...no somos una generación la mía muy crédula (aplicado a todos los sentidos) pero nos abalanzamos ante la novedad sin temor, son muchos los que juegan más a la Play que lo hijos. Puede que esta sea la clave del desatino académico de los padres, que con 40 años piensan como si fueran hijos y plantean sus excusas (eso sí, argumentadas) para todo.
Ahora más que nunca, echo de menos el jugar en la calle, el sudar, el merendar bocadillos pasados por el suelo, los renegones por cargarnos los rosales... Las redes sociales limitan el contacto personal de los niños, todo se arregla con una rato conectado al Tuenti o al Facebook. Puede que para las nuevas generaciones esto lo sea todo, pero para mi es insuficiente, además se genera una autosuficiencia emocional que no lleva a ningún sitio.
Incluso las redes sociales tiene espacio para el Amor...

jueves, 14 de abril de 2011

La fe mueve montañas


Se acerca la Semana Santa, la semana grande del cristianismo. Para muchos se trata de un gran papanatas anacrónico que seduce más a los turistas que a los propios cristianos. En parte tienen razón, hoy la fe es considerada un espectáculo y un negocio, y es que el ser humano tiende a comercializarlo todo para que siendo de dominio público no sea de dominio de nadie.

Acercándome a la treintena me sumo frecuentemente en un mar de dudas por culpa de la fe, ¿realmente que hay detrás de todo? reconozco que lo fácil es no pensar, pero una vez conoces a Platón y el Mito de la Caverna, creo que ya nada vuelve a ser igual; por ello lo sencillo es no creer por lo que conlleva el no pensar. Si me preguntan por qué soy cristiano, más bien respodería con argumentos del por qué no soy agnóstico. Menos mal que siempre hay alguien que lo explica mejor que tú, y encima en clave de humor.